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Con los años, estas conversaciones a los postres, mantenidas en un restaurante madrileño a lo largo de varias citas, constituyen, efectivamente, unas memorias a tres. Ni una réplica, ni una apostilla, ni una idea tienen desperdicio. No hay una página que no mereciera ser cincelada en una tabla de cera. El libro es como una suerte de novela por turnos, repleta de relatos intercalados.
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