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Gilead es un pequeño pueblo de Iowa, apenas un puñado de casas dispuestas a lo largo de unas pocas calles, tiendas, un elevador de grano, una torre del agua y la vieja estación del tren. Robinson narra con maestría el orden y la nada aparentes de la comunidad. Pero en cualquier grupo humano, como en la consciencia de cualquier hombre, basta escarbar un poco para que afloren las bajezas que los pueblan.
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