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Ella la llama bebé, gatito, mi pájaro. Ella la llama Tata. Tata la cuida como a una hija, pero es su sobrina. Ella le cuenta todo como a una madre, pero es su tía. Las dos forman un dúo ardiente, una partida de pimpón en la que la pelota es el amor. Y eso es lo menos que puede hacer la tía, porque la pequeña a menudo tiene que valerse por sí misma y no puede confiar demasiado en su madre... una adicta.
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