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Una invitación a repensar qué entendemos por normalidad y qué formas de vida quedan fuera de ella. Porque, quizá, lo verdaderamente inquietante no sea la locura, sino la necesidad de adaptarnos a un mundo que nos enferma. Y porque, tal vez, empezar a nombrar esa incomodidad sea ya una forma de resistencia, y la verdadera reparación no pase por lo individual, sino lo colectivo.
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