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Medea, a diferencia de su homónima del mito, es tranquila y luminosa, portadora de vida, que apoya, consuela y perdona. Sus recuerdos reconstruyen una saga familiar marcada por las turbulencias de la historia y la vida soviética del siglo XX. A través de sus personajes y los acontecimientos, justos o injustos, que se suceden, Liudmila Ulítskaya capta, en su más pura sencillez, la complejidad y totalidad de la vida.
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