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Durante las noches blancas, en las que el sol no se oculta del todo, el narrador, un joven solitario que apenas ha tenido trato con mujeres, da largas caminatas por las calles de San Petersburgo. En uno de esos paseos, salva de una agresión a Nástienka, una muchacha que vive con su abuela ciega, y entablan una amistad que se prolonga durante cuatro noches. Ella pone una condición: él no debe enamorarse.
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