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Acuciado por las deudas, el campesino Estrepsíades recurre a una escuela de sofistas, en la que enseña el mismísimo Sócrates, para aprender a esquivar a sus acreedores mediante argumentos retóricos vacíos. Con este planteamiento, el autor propone una demoledora crítica contra la moral que se aplicaba a la educación y, especialmente, contra la oratoria tramposa que pusieron de moda los sofistas en Atenas.
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